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Uno de los fenómenos más interesantes de la evolución de la Red ha sido la paulatina y progresiva identificación del usuario pasando del más estricto anonimato (las famosas redes IRC, por ejemplo) hasta llegar a la firma electrónica cada vez más sofisticada.
Ello, sin duda, conlleva una serie de ventajas pero trae consigo gran cantidad de inconvenientes, lo que no obsta para concluir que el objetivo final es la plena identificación del remitente como decíamos en un apartado anterior.
La identificación, la privacidad, el uso de contraseñas y usuarios asociados a ellas ha marcado siempre diferencias entre los distintos sistemas de funcionamiento de los ordenadores personales. Se antoja remoto cómo los sistemas UNIX optaron, por ejemplo, por la identificación del usuario dando origen de facto al actual internet (recordemos que las cuentas de usuario llevaban la hoy famosa arroba @), mientras que los sistemas WINDOWS fueron casi siempre sistemas abiertos sin posibilidad de identificación del usuario que accedía al equipo o PC. Poco a poco WINDOWS fue incorporando un sistema de contraseñas acercándose más al modelo UNIX (Linux, etc...).
Lo mismo ocurrió en Internet donde la navegación por sí misma era "anónima" pasándose poco a poco a un sistema de identificación mediante contraseñas aunque basado en la buena fe donde creer en la autenticidad del remitente era una cuestión de confianza basada cmo se ha dicho en factores de oportunidad, comprobación o certeza derivada de otra serie de factores.